LA CÚPULA DE LA ROCA

(Cuna de civilizaciones,  8)

Un agujero negro en tierras de oriente.

En la Embajada siria de Amman, a la que hemos vuelto después de los problemas vividos con la tormenta de nieve, se niegan a concedernos el visado de entrada, alegando que Siria sólo concede visados a los residentes de los países dónde se solicita. Como quiera que Madrid, ciudad dónde deberíamos haberlo solicitado, se encuentra a 3.000 o 4.000 kilómetros, y en estos casos enfadarse, o ponerse de mal humor no conduce a nada, decidimos cambiar nuestros planes y, en lugar de continuar viaje hacia Siria, lo haremos hacia Israel.

 

Sucede, sin embargo, que consultando el mapa de Siria, nos encontramos en una situación francamente surrealista. Bashar al-Ásad no sólo no reconoce al estado de Israel sino que niega su existencia, por lo que la frontera noroeste de Siria, comprendida entre Jordania y Libano es un espacio vacío, un agujero negro en tierras de oriente. ¡Israel no existe, así que no tenemos dónde ir!

mapa de Israel
Mapa de Israel

 

Como viajeros escarmentados, además de los mapas que nos dieron en la Embajada siria de Amman, constan en nuestro poder otros mapas en los que si encontramos el estado judío. Así que, a pesar de todo; ¡Iremos a Israel!.

La extensa frontera entre Israel y Jordania, sólo tiene tres puntos por dónde pasar. El más cercano, tanto a Amman como de Jerusalén, es el que cruza el Jordán por el puente del rey Hussein. Como quiera que las relaciones entre ambos países no son todo lo fluidas que deberían ser entre dos estados vecinos, el único transporte colectivo que une Ammán con dicho punto, es un autobús que sale a las 6.30 de la mañana de la capital del reino.

Cuando nuestros planes de cambio de rumbo están completamente consolidados ya son las 13.00 horas y,…. realmente no tenemos ganas de dormir otra noche en esta, poco atractiva, ciudad. Por lo tanto, negociamos con un taxista palestino (aquí todos los taxistas lo son) el traslado hasta el, anteriormente citado, puente del rey Hussein y ponemos rumbo a las milagrosas aguas bíblicas.

De esta manera  -después de cambiar dos veces de vehículo, por problemas de territorialidad-  sobre las tres de la tarde estamos pasando el famoso puente sobre, el no menos famoso, río Jordan.  La única forma permitida de cruzar este puente es en  el autobús de la única empresa autorizada a transportar pasajeros entre los dos países. Con todo, este autobús sólo puede llegar hasta la terminal de autobuses israelí, distante unos tres kilómetros del mencionado puente.

¡Por favor, no nos haga perder el tiempo!”

Autobus
Autobús fronterizo

En este lugar vivimos la curiosa anécdota que narramos a continuación. Cuando las 15 o 20 personas que componíamos el pasaje estábamos formando cola ante la puerta del autobús para hacer efectivo el importe de nuestros billetes, y ante la deliberada  lentitud que mostraba el conductor al desarrollar su labor, con el fin de arañar unos céntimos de acá y otros de allá, un señor canadiense  situado al final de la fila, con evidentes signos de nerviosismo, perfectamente trajeado y cuyo equipaje lo componía un solo maletín de piel negra, se adelantó hasta el conductor y, poniendo en sus manos un billete, que triplicaba el importe total de todos los pasajeros, le dijo: “¡Por favor cóbrese el importe total y quédese con la vuelta, pero no nos haga perder el tiempo!” .

Ni que decir tiene que, gracias a la prisa de este buen señor, nos ahorramos el pasaje y nos encontramos ante la policía de fronteras israelí mucho antes de lo previsto.

Se mueven con gran soltura y, aunque sonrientes y correctos, en ellos se nota la predisposición a tomar la más pronta e imprevisible de las determinaciones. 

La frontera israelí es igual, pero diferente, a todas las demás fronteras. Está limpia, ordenada y equipada con los más sofisticados controles, tanto humanos como electrónicos. El personal que nos atiende, en nada se parece a los funcionarios de los puestos fronterizos de otros países. Todos, sin excepción, son increíblemente jóvenes, o jóvenas, como dijo en cierta ocasión una de nuestras avispadas políticas. Ninguno lleva uniforme, pero de los hombros de ellos, o ellas,  cuelgan unos pequeños, pero se presume que eficaces fusiles de asalto, los cuales portan con la mayor naturalidad. Se mueven con gran soltura y, aunque sonrientes y correctos, en ellos se nota la predisposición a tomar la más pronta e imprevisible de las determinaciones.

La cúpula de la Roca, Panoramica d Jerusalén (FILEminimizer)
Panorámica de Jerusalén

Los tramites aduaneros se efectúan de forma rutinaria. Cuando llega el momento de tramitar el visado, nos preguntan si queremos que nos lo estampen en el pasaporte o, por el contrario, deseamos que nos extiendan un documento aparte, con el fin de no tener problemas a la hora de visitar algunos países árabes*. Obviamente nos decantamos por la segunda fórmula, y minutos después salimos del edificio de aduanas con nuestros pasaportes “limpios”   y nuestros “salvoconductos” para poder movernos libremente por todo Israel.

 

La furgoneta que nos trae desde la frontera, conducida por un agresivo y desagradable individuo, nos deposita en la parte este de Jerusalén , junto a las milenarias murallas, delante de la populosa Puerta de Damasco.

La tarde de este día de últimos de enero es fría y desapacible. Las calles, a pesar de los montones de nieve acumulados, y del gélido viento que sopla, se encuentran llenas de gente.

La cúpula de la Roca, Callejuela (FILEminimizer)
Callejuela

Desde la guerra de 1.967 entre Israel y los estados árabes, la ciudad se encuentra bajo control y administración israelí. Pero el ESTE de la misma  -a pesar de los años transcurridos y de las grandes inversiones realizadas en la misma por el estado judío-  sigue siendo árabe. Árabe es el ambiente de sus calles, árabe la forma machacona y agobiante de ofrecer sus productos y mercancías; desde una lechuga del tenderete callejero, hasta los servicios del taxi y el hotel. Clásica de las ciudades árabes es la suciedad amontonada en sus esquinas, rincones y aceras. Siendo, igualmente árabe, el olor y ambiente que se respira en sus plazas y calles.

Ni intervienen, ni molestan.

Si hay algo que la diferencia de otras ciudades de Oriente Medio es, la fuerte presencia de las Fuerzas de Seguridad israelíes. Las mismas están presentes en cada esquina y en cada rincón de sus plazas y calles.

No intervienen en nada ni se meten con nadie. Basta con su presencia, al menos en periodos de relativa calma, como el que se está disfrutando en los días que duró nuestra visita.

La cúpula de la Roca, Vía Dolorosa (FILEminimizer)
El Gran Hermano en la Vía Dolorosa

Tres días pasamos en Jerusalén, deambulando por las estrechas y  laberínticas   callejuelas  de la Ciudad Vieja. Por encima de otras cosas, nos llamó la atención la enorme cantidad de cámaras de vigilancia instaladas por todas partes. El Gran Hermano que nos anticipaba George Orwell nos vigila y controla desde todos los rincones del viejo Jerusalén. Nosotros queremos creer que es para proteger a la población de actos terroristas y no para controlar nuestras vidas.

Posiblemente sea esta, una de las ciudades sobre la que más toneladas de tinta se hayan vertido. Sobre la cuatro veces santa Jerusalén, se han escrito tantas y tantas  páginas de odio, amor, intriga, desprecio, dolor, envidia y tantas otras cosas, que poco puede añadirse al respecto.

La cúpula de la Roca, Monte de los olivos (FILEminimizer)
Monte de los Olivos, tumbas judias

Todos sabemos de sus famosas puertas de Damasco o Herodes, de los Leones o Haifa. Del Santo Sepulcro o la Vía Dolorosa. Del Muro de las Lamentaciones o el Monte de los Olivos; conocido, aún hoy, con ese nombre, a pesar de que lo único que abundan en él son las miles de tumbas del cementerio judío asentado en una de sus laderas, y las polvorientas y maltrechas callejas, dónde se hacinan las casas, a medio construir, o precariamente terminadas, de las miles de familias palestinas que habitan en ellas.

Hablamos de la Cúpula de la Roca, el lugar más sagrado de Palestina y tercero del mundo islámico.

Hay, sin embargo, un edificio  -tal vez de los más vistos de esta ciudad, pero quizás de los menos conocidos y visitados por el turismo occidental- que merece, desde nuestro punto de vista, mención especial. Hablamos de la Cúpula de la Roca, el lugar más sagrado de Palestina y tercero del mundo islámico.

La cúpula de la Roca, la Cúpula dentro de un arco (FILEminimizer)
La Cúpula

Decíamos anteriormente que, de los más visto de Jerusalén, y creemos estar en lo cierto al realizar dicha afirmación, ya qué cada vez que se ve una fotografía de Jerusalén, o esta ciudad sale en las pantallas de nuestros televisores, ya sea en documentales o noticias de actualidad, lo primero que llama la atención de ella es esa magnífica cúpula dorada que resalta sobre el resto de los edificios. Esta cúpula no corresponde a ningún templo judío o cristiano, como es la creencia más generalizada en nuestro país. Esta llamativa cúpula dorada de la santa ciudad, pertenece a la cultura musulmana.

Esta aurífera cúpula, con ser ya treméndamente atractiva y hermosa, vista desde el exterior, queda totalmente relegada a un segundo plano, cuando se ve lo que alberga en su interior.

En el centro del templo, justo en la vertical que forma la cúpula, se encuentra la roca sobre la que, según las Sagradas Escrituras Abraham iba a ofrecer a Dios el sacrificio de su hijo Isaac. Como es conocido, el Sacrificio de Abraham es camun a las tres grandes religiones monoteístas: judaísmo, islamismo y cristianismo. Pero además el islán reivindica dicha roca como el lugar de dónde partió Mahoma a lomos de su caballo Buraq en su viaje “a la más lejana mezquita” , en compañia del arcángel San Gabriel.

Fácil es entonces comprender que, tanto el judaísmo como el islamismo, demanden para su credo el monte Mariá como lugar sagrado. Ya que son estas, las dos religiones dominantes en la región, después del intento fallido de las Cruzadas por cristianizar la zona

Lo sensato,  y posiblemente lo más justo a los ojos de Dios, hubiera sido compartir La Roca. Pero como quiera que cuando de fe se trata, es ta sumamente difícil ponerse de acuerdo, debido a lo subjetivo del tema y la manipulación que hacen los hombres de la misma. ambas partes recurren a la anatemización del contrario. El  fanatismo y la intolerancia prevalecen sobre la inteligencia y la razón. Cada credo trata de sacralizar el lugar de la manera que mejor sabe hacerlo el ser humano. ¡Eliminando al adversario!

La cúpula de la Roca, Muro de las Lamentaciones (FILEminimizer)
Muro de las Lamentaciones

Los judíos, con la construcción de dos templos. El primero de ellos, en cuyo interior se guardaba el Arca de la Alianza, mandado construir por Salomón en el siglo X antes de Cristo y destruido por las huestes de Nabucodonosor, rey de los babilonios, en el 587 antes de Cristo. La construcción del segundo templo la completó Zorobabel sesenta años después de que el primero fuese reducido a cenizas. Medio milenio resistió este segundo templo hasta ser destruido de nuevo. Esta vez, por las legiones romanas al mando del legatus Tito.

Tanto esfuerzo costó a Vespasiano, y después a su hijo Tito someter a la ciudad y tantos los legionarios romanos caídos ante las murallas de la misma, que cuando al fin fue conquistada, este último mandó pasar a cuchillos a sus moradores y reducir a la nada todas sus edificaciones. Lo único que se salvó fue el inmenso tesoro que los zelotes guardaban en el templo y que Tito se encargó de trasladar a las vacías arcas de Roma. Como consecuencia de tales actos, del segundo templo solo quedó el Kotel o Muro Occidental**. Hoy conocido como Muro de las Lamentaciones.

Sobre la misma explanada dónde estuvieron construidos los dos templos judíos, el kalifa Al-Malik Ibn Maraman mandó construir la Qubbat Al-Sakhra o Cúpula de la Roca, en el siglo VI después de Cristo.

La cúpula de la Roca, Cúpula tras tres arcos (FILEminimizer)
La Cúpula de la Roca

Este pequeño paréntesis solo tiene por objeto situar mínimamente al lector. Ya que, sobre lo que realmente queremos llamar la atención, es sobre la importancia arquitectónica de la obra.

Es tal la belleza que encierra esta maravilla del mundo que mi modesta pluma no se encuentra, ni con fuerzas ni con conocimientos, para hacer la más somera de las descripciones acerca de la misma.

Solo deseo que cada hombre o mujer, que venga a Jerusalén, dedique, al menos un par de horas, a la visita de tan magna obra.

¡Ningún arquitecto, artista, o artesano, que ame su profesión debería morir sin haberse extasiado con la contemplación de esta joya del TALANTE HUMANO!

Paco Vidal

  • * De todos son conocidas las dificultades con que puede encontrarse el viajero ante las autoridades de frontera de muchos países islámicos, si su pasaporte lleva estampado el visado de Israel.
  •  ** En realidad el Kotel o Muro de las Lamentaciones no corresponde a ningún muro del segundo templo, sino que era, y es, el muro de contención de la explanada sobre la que estaba ubicado el templo y dónde hoy se encuentra la Cúpula de la Roca.
  • GALERÍA DE FOTOS

  • La cúpula de la Roca, Tractor en callejuela (FILEminimizer)
    Medio de transporte en la ciudad vieja
    La cúpula de la Roca, Murallas de Jerusalén (FILEminimizer)
    Murallas de Jerusalen
    La cúpula de la Roca, sombra ante la  Cúpula (FILEminimizer)
    La explanada

    La cúpula de la Roca, nosotros ante la  Cúpula (FILEminimizer)
    Arcada y Qubbat Al-Sakhra
  • La cúpula de la Roca, mujer árabe ante la  Cúpula (FILEminimizer)
    Mujer árabe ante la Cúpula

NIEVE EN EL DESIERTO

                                                                                                                 (Cuna de civilizaciones 7)

En el Mar Muerto no hay nieve

Conforme nos acercamos a Amman el tiempo empeora y cuando llegamos a ella está nevando copiosamente.

De la International Trucks Terminal, en la que nos deja el taxi, no sale ni entra ningún autobús, ya que la capa de nieve alcanza un espesor considerable. Cuando recabamos información nos dicen que esperemos hasta ver como evoluciona el tiempo y actuar en consecuencia.

Nieve en el desierto, Salida en autobus (FILEminimizer)
Salimos hacia Ácaba

Después de una larga espera, durante la cual no dejan de sonar los teléfonos, llega un autobús, cuyo conductor más parece un guía de caravanas de camellos que el chófer de un autobús de linea. Su uniforme consta de chilaba blanca y kuffiya o “pañuelo palestino” blanco y rojo, anudado a la cabeza. Como nota aclaratoria diremos que los colores de estos pañuelos sirven para identificar, en cierto modo, la nacionalidad del portador. Blanco y negro: palestino. Blanco y azul: sirio. Blanco y rojo: jordano, etc.

Nieve en el desierto, Nieve en la salida de Amman (FILEminimizer)
Salida de Amman hacia Ácaba

Después de unos minutos de acalorada conversación, de la que no entendemos absolutamente nada, nos dan los tickets a los tres únicos pasajeros que nos dirigimos a Ácaba. Un sirio de unos 35 años y nosotros.

La salida de la vieja Filadelfia reviste cierta dificultad, superada con destreza por nuestro chófer. La entrada se encuentra totalmente colapsada. La subida que conduce a la ciudad se encuentra bloqueada por una larga caravana  de vehículos que forman una serpiente multicolor de kilómetros de longitud.

Según bajamos amaina el temporal y cuando divisamos el Mar Muerto la nieve desaparece completamente de la carretera. Una vez alcanzado el mar la temperatura llega a los 18 grados, según podemos ver en el termómetro del autobús.

Nieve en el desierto, orilla del Mar Muerto (FILEminimizer)
Orilla del Mar Muerto

No es de extrañar tal diferencia de temperaturas, ya que nos encontramos en el punto habitado más bajo del planeta. Estamos a 300 metros por debajo de la mayoría de los mares del mundo.

En los, aproximadamente, 50 kilómetros recorridos, hemos descendido más de 1.000 metros, ya que Amman está a más de 700 metros sobre el nivel del mar.

Circulamos por la Royal Way, o carretera árabe, como la llaman los jordanos. La misma se desliza durante gran parte de su recorrido por la orilla jordana del mar que sirve de frontera entre Jordania e Israel. La otra vía de comunicación entre Amman y Ácaba, la ruta del desierto, se encuentra totalmente colapsada.

Anocheciendo llegamos de nuevo a este paradisíaco rincón que forma el Mar Rojo en el Golfo de Ácaba, dónde disfrutamos de una temperatura de 23 grados, mientras allá en Amman, a tan solo 360 kilómetros, se encuentran a varios grados bajo cero, envueltos en una capa de hielo.

Hace unas semanas, cuando en el artículo sobre Petra, nos mostrábamos, en cierto modo, en desacuerdo con aquellos que decían: ” Si sólo vas a ver un lugar en Jordania, o incluso en Oriente Medio, has que éste sea Petra”, no es que quisiéramos desmerecer a “La Rosa del Desierto”. Lo que sucede es que, aunque Jordania no es un país que pueda presumir de demasiados atractivos arqueológicos o naturales, (como acontece, por ejemplo, con España o Italia) sí es cierto que entre los pocos que detenta, es difícil decantarse por uno u otro.

Nieve en el desierto, Wadi Rum, rocas 1 (FILEminimizer)
Wadi Rum, fantasía onirica

Si los dos trabajos anteriores versaban sobre maravillas creadas por la mano del hombre; Petra y Gerasa, la que hoy nos ocupa, el Wadi Rum, es obra de los dioses.

Sólo un Ser supremo, ayudado por los elementos y el transcurrir de milenios, es capaz de crear, modelar o componer una sinfonía cuyas partituras desprenden a un mismo tiempo; ensoñadoras notas musicales, desgarradoras pinceladas del espectro de colores y extasiadoras figuras geométricas, como las que existen en esta zona que, aunque denominada valle (Wadi) abarca toda una región.

El silencio que nos envuelve, solo roto por las notas que nuestra imaginación sea capaz de arrancarle al ulular del viento, al chocar con las rocas y las dunas. Los indescriptibles colores que van, desde el pesado gris que nos aplasta y encarcela, hasta el frágil, volátil y liberador azul- rosáceo que nos eleva por encima de lo terrenal, acercándonos (siquiera espiritualmente) al Olímpo de los creadores de éste hechizo.  Este trinomio lo cierran esas rocas   fantasmagóricas que el crono y los elementos han ido modelando hasta formar las más inverosímiles figuras, qué, en los rojizos atardeceres, prolongan sus sombras sobre las abrazadoras arenas de este valle.

Lawrence y sus siete pilares

Dicen que Thomas Edward Lawrence se inspiró en esta región para escribir su famosa obra “Los siete Pilares de la Sabiduría”.

Nieve en el desierto, Wadi Rum, rocas (FILEminimizer)
Wadi Rum, fantasmal paisaje

Realmente me cuesta trabajo creerlo, ya que dicha obra, a pesar de su pretencioso nombre, no es más que un diario de guerra en el que se nos relata las  andanzas del citado personaje al frente de las diferentes tribus árabes, para conducirlas a la rebelión contra el poder opresor  otomano, y hacerlas caer en el, más refinado y menos brutal, pero al fin y al cabo opresor yugo, del imperialismo británico.

Sin menospreciar el profundo conocimiento que Lawrence de Arabia demuestra poseer en sus “Pilares” de todo el entramado tribal, geográfico, político y social de esta basta zona, no creemos que para escribir un diario de guerra haga falta estar influenciado por un entorno como el que nos encontramos.

De hecho, en su voluminosa obra sólo encontramos unas escasas lineas dedicadas al Rum. Escasas, pero no por ello menos  interesantes, y desde luego, como no podía ser de otra manera, influenciadas por la obsesión y el espíritu que domina toda la obra; el pensamiento militar.

“Los riscos estaban coronados por nidos de cúpulas de un rojo menos intenso que el cuerpo de la colina, antes bien grisáceo y menos oscuro. Daban una acabada apariencia de arquitectura bizantina a aquel irresistible lugar, a aquel camino procesional que superaba a la imaginación. Los ejércitos árabes se podrían perder en su longitud y anchura, y dentro de sus paredes podría dar vueltas en formación un escuadrón de aeroplanos” 

Nieve en el desierto, Tienda beduina 2 (FILEminimizer)
Wadi Rum, vivienda beduina

Dejando a un lado el pensamiento y la obra de tan ilustre y controvertido personaje y amparados por los conocimientos que Farás posee de la zona, y los contactos que en ella tiene, caminamos hasta llegar a un recóndito lugar dónde,protegida de los elementos por una pared vertical de granítica roca fuimos a dar con  la vivienda de una familia beduina. Etnia que se resiste tenazmente a que sus costumbres y formas de vida sean devoradas por el lento, pero inexorable avance de la civilización.

Nieve en el desierto, Tienda beduina hora del té (FILEminimizer)
Wadi Rum, hora del té en vivienda beduina

En la tienda, hecha de piel de camello, entre otras materias, conviven siete personas, así como todas las crías de cabras y ovejas, que por su edad, u otros motivos, es desaconsejable dejarlas libres, a merced de zorros y chacales.

Nada más llegar fuimos invitados a una taza de té,  que nos vimos obligados a aceptar, para no herir el sentido de la hospitalidad de esta familia, a pesar de lo insoluble del entorno y la falta de higiene que se respira por doquier.

Mientras tomamos el té, sentados en el suelo y  servido en un jarrillo de lata, las crías de ovinos nos acompañan con sus juegos y brincos, los múltiples perros tumbados a nuestro alrededor, nos contemplan con una velada melancolía reflejada en sus ojos, y la camella atada a una estaca, no lejos de nosotros, lanza tremendos bramidos sin que lleguemos a entender si dichos mugidos son de agrado o desagrado por nuestra presencia.

Sólo un escuálido café

Después de un día moviéndonos por estos parajes, sin otro alimento que el té ofrecido por la familia beduina. Al llegar al cruce de la carretera que une Ácaba y Amman, Farás, nuestro chófer palestino,  -por cierto, el único árabe con coraje  suficiente, encontrado en este viaje por tan desgarradas tierras  , para decir que la única salida que les queda a palestinos e israelíes, si quieren sobrevivir,  es el entendimiento-,  nos propone girar en dirección a Amman y  acercarnos a comer algo al restaurante que existe en la coronación del puerto de Ros Neskif, que con sus 1.475 metros de altitud es el culpable de la incomunicación entre las dos mitades del país. La idea nos parece bastante acertada, y hacia allí nos dirigimos para satisfacción de nuestros estómagos.

Por esta carretera se realiza todo el transporte de mercancías entre Jordania e Irak con el golfo de Ácaba. Por ella circulan los camiones-cisternas con petroleo irakí hacia el puerto de Ácaba, dónde es trasvasado a los super-petroleros encargados de depositarlo en los puertos de los países industrializados.

Nieve en el desierto, caravana en la ruta 3 (FILEminimizer)
¿Tundra siberiana? ¡Desierto jordano!

Por esta “Autopista del Desierto” circulan enormes trailers con matriculas  jordanas, egipcias o irakies cargados de víveres, medicamentos y otras mercancías, con destino al país dónde las Sagradas Escrituras situaban el Paraíso Terrenal. Hoy convertido por los hombres en un verdadero INFIERNO.

Conforme nos acercamos a nuestro destino, una parte y otra de la carretera está sembrada de inmóbiles monstruos incapaces de moverse sobre el helado suelo, a pesar de los miles de caballos que encierran sus potentes motores.

Nieve en el desierto, ejercito jordano (FILEminimizer)
Ejercito de Jordania

Cuando, por fin, coronamos el puerto, por una precaria pista que habían conseguido abrir la policía y las maquinas del ejercito jordano, en el restaurante lo único que pueden servirnos es un escuálido café. Todo lo demás está agotado.

Al intentar el regreso a Ácaba, ya noche cerrada, vemos que aquella mastodóntica serpiente metálica, harta de esperar, y creyendo que las condiciones del terreno lo permitían, se ha puesto en movimiento.

Nieve en el desierto, ejercito jordano 1
Nieve y ejercito

Desobedeciendo las ordenes de la policía y el ejercito, estos paquidermos de acero,  formando frente de tres y cuatro vehículos, lo invaden todo. La pista preparada por las autoridades para el paso de turismos y pequeños autobuses desaparece bajo el demoledor empuje de estos pegasos sin alas.

Al intentar, desesperadamente, escapar de dos días de inmovilidad, lo que consiguen es bloquear totalmente la ruta. Entre 6.000 y 8.000 camiones colapsan la Autopista del Desierto. ¡La anarquía es absoluta. El caos total!

Por fin, horas más tarde, conseguimos librarnos del vientre de tan infernal sierpe, gracias a la eficaz labor del ejercito y la policía, así como la colaboración de los aguerridos camioneros y la pericia de Farás, el cual, tras una larga noche de insomnio, nos deja a las puertas de nuestro hotel en Ácaba, cuando los primeros rayos de sol de un nuevo y esperanzador día invaden las cumbres de las circundantes montañas.

Paco Vidal

Galería de fotos

Nieve en el desierto, caravana en la ruta 1 (FILEminimizer)
Nieve en la ruta
Nieve en el desierto, Tienda beduina (FILEminimizer)
Vivienda beduína
Nieve en el desierto, camioneros (FILEminimizer)
Camioneros en la ruta del desierto
Nieve en el desierto, Tienda beduina con bebe (FILEminimizer)
Quería que nos lo trajésemos!
Nieve en el desierto, Wadi Rum, hora del té (FILEminimizer)
Wadi Rum
Nieve en el desierto, caravana en la ruta 2 (FILEminimizer)
Ruta del Desierto, Jordania