LA CÚPULA DE LA ROCA

(Cuna de civilizaciones,  8)

Un agujero negro en tierras de oriente.

En la Embajada siria de Amman, a la que hemos vuelto después de los problemas vividos con la tormenta de nieve, se niegan a concedernos el visado de entrada, alegando que Siria sólo concede visados a los residentes de los países dónde se solicita. Como quiera que Madrid, ciudad dónde deberíamos haberlo solicitado, se encuentra a 3.000 o 4.000 kilómetros, y en estos casos enfadarse, o ponerse de mal humor no conduce a nada, decidimos cambiar nuestros planes y, en lugar de continuar viaje hacia Siria, lo haremos hacia Israel.

 

Sucede, sin embargo, que consultando el mapa de Siria, nos encontramos en una situación francamente surrealista. Bashar al-Ásad no sólo no reconoce al estado de Israel sino que niega su existencia, por lo que la frontera noroeste de Siria, comprendida entre Jordania y Libano es un espacio vacío, un agujero negro en tierras de oriente. ¡Israel no existe, así que no tenemos dónde ir!

mapa de Israel
Mapa de Israel

 

Como viajeros escarmentados, además de los mapas que nos dieron en la Embajada siria de Amman, constan en nuestro poder otros mapas en los que si encontramos el estado judío. Así que, a pesar de todo; ¡Iremos a Israel!.

La extensa frontera entre Israel y Jordania, sólo tiene tres puntos por dónde pasar. El más cercano, tanto a Amman como de Jerusalén, es el que cruza el Jordán por el puente del rey Hussein. Como quiera que las relaciones entre ambos países no son todo lo fluidas que deberían ser entre dos estados vecinos, el único transporte colectivo que une Ammán con dicho punto, es un autobús que sale a las 6.30 de la mañana de la capital del reino.

Cuando nuestros planes de cambio de rumbo están completamente consolidados ya son las 13.00 horas y,…. realmente no tenemos ganas de dormir otra noche en esta, poco atractiva, ciudad. Por lo tanto, negociamos con un taxista palestino (aquí todos los taxistas lo son) el traslado hasta el, anteriormente citado, puente del rey Hussein y ponemos rumbo a las milagrosas aguas bíblicas.

De esta manera  -después de cambiar dos veces de vehículo, por problemas de territorialidad-  sobre las tres de la tarde estamos pasando el famoso puente sobre, el no menos famoso, río Jordan.  La única forma permitida de cruzar este puente es en  el autobús de la única empresa autorizada a transportar pasajeros entre los dos países. Con todo, este autobús sólo puede llegar hasta la terminal de autobuses israelí, distante unos tres kilómetros del mencionado puente.

¡Por favor, no nos haga perder el tiempo!”

Autobus
Autobús fronterizo

En este lugar vivimos la curiosa anécdota que narramos a continuación. Cuando las 15 o 20 personas que componíamos el pasaje estábamos formando cola ante la puerta del autobús para hacer efectivo el importe de nuestros billetes, y ante la deliberada  lentitud que mostraba el conductor al desarrollar su labor, con el fin de arañar unos céntimos de acá y otros de allá, un señor canadiense  situado al final de la fila, con evidentes signos de nerviosismo, perfectamente trajeado y cuyo equipaje lo componía un solo maletín de piel negra, se adelantó hasta el conductor y, poniendo en sus manos un billete, que triplicaba el importe total de todos los pasajeros, le dijo: “¡Por favor cóbrese el importe total y quédese con la vuelta, pero no nos haga perder el tiempo!” .

Ni que decir tiene que, gracias a la prisa de este buen señor, nos ahorramos el pasaje y nos encontramos ante la policía de fronteras israelí mucho antes de lo previsto.

Se mueven con gran soltura y, aunque sonrientes y correctos, en ellos se nota la predisposición a tomar la más pronta e imprevisible de las determinaciones. 

La frontera israelí es igual, pero diferente, a todas las demás fronteras. Está limpia, ordenada y equipada con los más sofisticados controles, tanto humanos como electrónicos. El personal que nos atiende, en nada se parece a los funcionarios de los puestos fronterizos de otros países. Todos, sin excepción, son increíblemente jóvenes, o jóvenas, como dijo en cierta ocasión una de nuestras avispadas políticas. Ninguno lleva uniforme, pero de los hombros de ellos, o ellas,  cuelgan unos pequeños, pero se presume que eficaces fusiles de asalto, los cuales portan con la mayor naturalidad. Se mueven con gran soltura y, aunque sonrientes y correctos, en ellos se nota la predisposición a tomar la más pronta e imprevisible de las determinaciones.

La cúpula de la Roca, Panoramica d Jerusalén (FILEminimizer)
Panorámica de Jerusalén

Los tramites aduaneros se efectúan de forma rutinaria. Cuando llega el momento de tramitar el visado, nos preguntan si queremos que nos lo estampen en el pasaporte o, por el contrario, deseamos que nos extiendan un documento aparte, con el fin de no tener problemas a la hora de visitar algunos países árabes*. Obviamente nos decantamos por la segunda fórmula, y minutos después salimos del edificio de aduanas con nuestros pasaportes “limpios”   y nuestros “salvoconductos” para poder movernos libremente por todo Israel.

 

La furgoneta que nos trae desde la frontera, conducida por un agresivo y desagradable individuo, nos deposita en la parte este de Jerusalén , junto a las milenarias murallas, delante de la populosa Puerta de Damasco.

La tarde de este día de últimos de enero es fría y desapacible. Las calles, a pesar de los montones de nieve acumulados, y del gélido viento que sopla, se encuentran llenas de gente.

La cúpula de la Roca, Callejuela (FILEminimizer)
Callejuela

Desde la guerra de 1.967 entre Israel y los estados árabes, la ciudad se encuentra bajo control y administración israelí. Pero el ESTE de la misma  -a pesar de los años transcurridos y de las grandes inversiones realizadas en la misma por el estado judío-  sigue siendo árabe. Árabe es el ambiente de sus calles, árabe la forma machacona y agobiante de ofrecer sus productos y mercancías; desde una lechuga del tenderete callejero, hasta los servicios del taxi y el hotel. Clásica de las ciudades árabes es la suciedad amontonada en sus esquinas, rincones y aceras. Siendo, igualmente árabe, el olor y ambiente que se respira en sus plazas y calles.

Ni intervienen, ni molestan.

Si hay algo que la diferencia de otras ciudades de Oriente Medio es, la fuerte presencia de las Fuerzas de Seguridad israelíes. Las mismas están presentes en cada esquina y en cada rincón de sus plazas y calles.

No intervienen en nada ni se meten con nadie. Basta con su presencia, al menos en periodos de relativa calma, como el que se está disfrutando en los días que duró nuestra visita.

La cúpula de la Roca, Vía Dolorosa (FILEminimizer)
El Gran Hermano en la Vía Dolorosa

Tres días pasamos en Jerusalén, deambulando por las estrechas y  laberínticas   callejuelas  de la Ciudad Vieja. Por encima de otras cosas, nos llamó la atención la enorme cantidad de cámaras de vigilancia instaladas por todas partes. El Gran Hermano que nos anticipaba George Orwell nos vigila y controla desde todos los rincones del viejo Jerusalén. Nosotros queremos creer que es para proteger a la población de actos terroristas y no para controlar nuestras vidas.

Posiblemente sea esta, una de las ciudades sobre la que más toneladas de tinta se hayan vertido. Sobre la cuatro veces santa Jerusalén, se han escrito tantas y tantas  páginas de odio, amor, intriga, desprecio, dolor, envidia y tantas otras cosas, que poco puede añadirse al respecto.

La cúpula de la Roca, Monte de los olivos (FILEminimizer)
Monte de los Olivos, tumbas judias

Todos sabemos de sus famosas puertas de Damasco o Herodes, de los Leones o Haifa. Del Santo Sepulcro o la Vía Dolorosa. Del Muro de las Lamentaciones o el Monte de los Olivos; conocido, aún hoy, con ese nombre, a pesar de que lo único que abundan en él son las miles de tumbas del cementerio judío asentado en una de sus laderas, y las polvorientas y maltrechas callejas, dónde se hacinan las casas, a medio construir, o precariamente terminadas, de las miles de familias palestinas que habitan en ellas.

Hablamos de la Cúpula de la Roca, el lugar más sagrado de Palestina y tercero del mundo islámico.

Hay, sin embargo, un edificio  -tal vez de los más vistos de esta ciudad, pero quizás de los menos conocidos y visitados por el turismo occidental- que merece, desde nuestro punto de vista, mención especial. Hablamos de la Cúpula de la Roca, el lugar más sagrado de Palestina y tercero del mundo islámico.

La cúpula de la Roca, la Cúpula dentro de un arco (FILEminimizer)
La Cúpula

Decíamos anteriormente que, de los más visto de Jerusalén, y creemos estar en lo cierto al realizar dicha afirmación, ya qué cada vez que se ve una fotografía de Jerusalén, o esta ciudad sale en las pantallas de nuestros televisores, ya sea en documentales o noticias de actualidad, lo primero que llama la atención de ella es esa magnífica cúpula dorada que resalta sobre el resto de los edificios. Esta cúpula no corresponde a ningún templo judío o cristiano, como es la creencia más generalizada en nuestro país. Esta llamativa cúpula dorada de la santa ciudad, pertenece a la cultura musulmana.

Esta aurífera cúpula, con ser ya treméndamente atractiva y hermosa, vista desde el exterior, queda totalmente relegada a un segundo plano, cuando se ve lo que alberga en su interior.

En el centro del templo, justo en la vertical que forma la cúpula, se encuentra la roca sobre la que, según las Sagradas Escrituras Abraham iba a ofrecer a Dios el sacrificio de su hijo Isaac. Como es conocido, el Sacrificio de Abraham es camun a las tres grandes religiones monoteístas: judaísmo, islamismo y cristianismo. Pero además el islán reivindica dicha roca como el lugar de dónde partió Mahoma a lomos de su caballo Buraq en su viaje “a la más lejana mezquita” , en compañia del arcángel San Gabriel.

Fácil es entonces comprender que, tanto el judaísmo como el islamismo, demanden para su credo el monte Mariá como lugar sagrado. Ya que son estas, las dos religiones dominantes en la región, después del intento fallido de las Cruzadas por cristianizar la zona

Lo sensato,  y posiblemente lo más justo a los ojos de Dios, hubiera sido compartir La Roca. Pero como quiera que cuando de fe se trata, es ta sumamente difícil ponerse de acuerdo, debido a lo subjetivo del tema y la manipulación que hacen los hombres de la misma. ambas partes recurren a la anatemización del contrario. El  fanatismo y la intolerancia prevalecen sobre la inteligencia y la razón. Cada credo trata de sacralizar el lugar de la manera que mejor sabe hacerlo el ser humano. ¡Eliminando al adversario!

La cúpula de la Roca, Muro de las Lamentaciones (FILEminimizer)
Muro de las Lamentaciones

Los judíos, con la construcción de dos templos. El primero de ellos, en cuyo interior se guardaba el Arca de la Alianza, mandado construir por Salomón en el siglo X antes de Cristo y destruido por las huestes de Nabucodonosor, rey de los babilonios, en el 587 antes de Cristo. La construcción del segundo templo la completó Zorobabel sesenta años después de que el primero fuese reducido a cenizas. Medio milenio resistió este segundo templo hasta ser destruido de nuevo. Esta vez, por las legiones romanas al mando del legatus Tito.

Tanto esfuerzo costó a Vespasiano, y después a su hijo Tito someter a la ciudad y tantos los legionarios romanos caídos ante las murallas de la misma, que cuando al fin fue conquistada, este último mandó pasar a cuchillos a sus moradores y reducir a la nada todas sus edificaciones. Lo único que se salvó fue el inmenso tesoro que los zelotes guardaban en el templo y que Tito se encargó de trasladar a las vacías arcas de Roma. Como consecuencia de tales actos, del segundo templo solo quedó el Kotel o Muro Occidental**. Hoy conocido como Muro de las Lamentaciones.

Sobre la misma explanada dónde estuvieron construidos los dos templos judíos, el kalifa Al-Malik Ibn Maraman mandó construir la Qubbat Al-Sakhra o Cúpula de la Roca, en el siglo VI después de Cristo.

La cúpula de la Roca, Cúpula tras tres arcos (FILEminimizer)
La Cúpula de la Roca

Este pequeño paréntesis solo tiene por objeto situar mínimamente al lector. Ya que, sobre lo que realmente queremos llamar la atención, es sobre la importancia arquitectónica de la obra.

Es tal la belleza que encierra esta maravilla del mundo que mi modesta pluma no se encuentra, ni con fuerzas ni con conocimientos, para hacer la más somera de las descripciones acerca de la misma.

Solo deseo que cada hombre o mujer, que venga a Jerusalén, dedique, al menos un par de horas, a la visita de tan magna obra.

¡Ningún arquitecto, artista, o artesano, que ame su profesión debería morir sin haberse extasiado con la contemplación de esta joya del TALANTE HUMANO!

Paco Vidal

  • * De todos son conocidas las dificultades con que puede encontrarse el viajero ante las autoridades de frontera de muchos países islámicos, si su pasaporte lleva estampado el visado de Israel.
  •  ** En realidad el Kotel o Muro de las Lamentaciones no corresponde a ningún muro del segundo templo, sino que era, y es, el muro de contención de la explanada sobre la que estaba ubicado el templo y dónde hoy se encuentra la Cúpula de la Roca.
  • GALERÍA DE FOTOS

  • La cúpula de la Roca, Tractor en callejuela (FILEminimizer)
    Medio de transporte en la ciudad vieja
    La cúpula de la Roca, Murallas de Jerusalén (FILEminimizer)
    Murallas de Jerusalen
    La cúpula de la Roca, sombra ante la  Cúpula (FILEminimizer)
    La explanada

    La cúpula de la Roca, nosotros ante la  Cúpula (FILEminimizer)
    Arcada y Qubbat Al-Sakhra
  • La cúpula de la Roca, mujer árabe ante la  Cúpula (FILEminimizer)
    Mujer árabe ante la Cúpula

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