CADENCIOSO KIA…IRA…IAA

                         (Por tierras birmanas VI)

Los rios, como los hombres, nacen débiles, pequeños y temerosos.

Mucho mas difícil de pronunciar que el legendario NILO. Desde luego mucho mas corto, y, sin lugar a dudas, menos conocido que el padre de todos los ríos de África. Quizás por todo esto, Birmania nunca tubo el esplendor de Egipto. Pero, no es menos cierto que el Ayeyarwady ha jugado un papel en la Historia y  formación de éste país, tan importante como el jugado por el Nilo en la de aquel.

Hkakabo-Razi
Hkakabo-Razi, padre del Ayeyarwady.

Nace el Ayeyarwady, en las estribaciones de la cordillera del Himalaya, cerca del triangulo que forman las altas tierras de India, China y Birmania. Brota de las entrañas mismas del Hkakabo-Razi, que con sus 5.891 m., no solo es la cumbre más alta de Myanmar, sino también de todo el sureste asiático.

Con los ríos pasa como con los hombres. Al nacer todos somos iguales: pequeños, débiles y temerosos. A partir de ahí, nuestras futuras vidas toman las formas y caracteres que nos dan nuestros entornos geográficos y humanos. Para morir, en la mayoría de los casos, sucios y contaminados.

Por las altas tierras del estado de Kachin, el padre de los ríos birmanos, discurre sin que su curso deje huella, ni en la vida, ni en la economía de los hombres de estos desconocidos parajes. Desconocidos, no solo, para los ojos occidentales, también para la mayoría de la gente de Burma. La ciudad de Katha (donde estubo destinado  -como funcionario de Su Majestad-   George Orwell. Hubiera sido aconsejable que, aprovechando su estancia aquí, hubiese escrito algo sobre las tropelías del imperialismo ingles en sus colonias. Es posible que hoy contase en su haber con dos obras  maestras en lugar de una.) lo ve pasar, soberbio y orgulloso, durante la época del Monzón, pero humilde y  desapercibido en la temporada seca.

Es a partir de Mandalay, capital de la Birmania libre, en el siglo XIX, cuando el Ayeyarwady adquiere una mayor influencia, tanto en la economía del país, como en la vida de los pueblos que se fueron  estableciendo en sus orillas a través de años y siglos.

Pasa por Bagan y Pyay para abrirse en múltiples brazos, después de abandonar Yandoon y, con sus 2.000 kilómetros a cuesta, desparramar sus fangosas y contaminadas aguas por el enorme delta que forma al desembocar en el Mar de Andamán, al sur de Yangón. De él dependen, en gran medida, la subsistencia de los mas de 20.000.000 de agricultores, ganaderos y pescadores que habitan a lo largo de toda su cuenca.

Como quiera que el río no se draga, dichos canales cambian continuamente de ubicación, por lo que no serviría de nada, colocar boyas indicadoras.

Nosotros seguimos su curso, navegándolo desde Mandalay hasta Bagan. En esta época del año, febrero, las aguas del Ayeyarwady, discurren mansas y  soñolientas. Su anchura es considerable, entre 200 y 400 metros, pero su profundidad escasa. De su lecho surgen islotes y bancos de arena que obligan a la motonave a seguir los canales, que de forma natural van formando el empuje de las aguas. Como quiera que el río no se draga, dichos canales cambian continuamente su ubicación, por lo que no serviría de nada  colocar boyas indicadoras.

Sala de maquinas
Sala de maquinas de nuestro barco.

Ni siquiera la habilidad y pericia de estos abnegados marinos, es suficiente para guiar la nave por seguros derroteros. Por tal motivo, en la proa del barco, uno a cada lado de la quilla, van situados dos hombres armados con dos rudimentarias pértigas de bambú, pintadas de rojo y blanco. Con estas pértigas van sondeando el calado de las aguas y transmitiendo al capitán, con un cadencioso Kia..ira…iaaa..» si  el calado es lo suficientemente profundo, para que la nao pueda seguir su lento navegar por, tan inseguras aguas.

Tan cierto es lo que contamos que, en dos ocasiones, ambas a la salida de Mandalay, frente a Amarapura «La Ciudad de la Inmortalidad», la nave tubo que detener su marcha en seco, al ser avisado el capitán por los hombres de las pértigas del poco calado de las aguas, y evitar así que el buque embarrancase.

Palafitos 2
Palafítos a orillas del Ayeyarwady.

A ambas orillas del río se han asentado numerosas familias de pescadores y agricultores. En humildes palafitos los primeros, y elementales cabañas construidas en la parte superior de las riberas,  los segundos. Por todas partes corretean infinidad de chiquillos desnudos detrás de cerdos y patos.

Los búfalos de agua, tan abundantes en estos países del sureste asiático, aprovechan la menor oportunidad que se les brinda, para introducirse en el agua hasta dejar fuera solo su cabeza y permanecer así todo el tiempo que le permitan sus dueños. Estos mientras, se afanan, con el clásico tesón asiático, en las faenas agrícolas.

FAMILIA
Familia pescando.

Atrás van quedando infinidad de pequeñas barcas, sobre las que se ven familias enteras, en un reparto colectivo de las actividades: El padre lanza y vigila las redes, la madre achica el agua de la barca, y el mayor de los hijos aguanta el timón, mientras los mas pequeños, generalmente desnudos, nos saludan continuamente, moviendo sus manitas, mientras pasamos a su lado.

Mercado en la orilla
Vendedoras en el río.

En muchas de las pequeñas poblaciones por las que pasamos el barco detiene su lento navegar, para recoger o soltar, mercancías o pasajeros. Esta oportunidad la  aprovechan los nativos para, introduciéndose en el agua todo cuanto pueden, y ofrecer a los ocupantes del barco; frutas, verduras y aves. Hay que hacer notar que los únicos extranjeros del pasaje, eramos nosotros y una pareja de australianos.

Puerto de Bagan
«Puerto» de Bagan.

Sobre las siete de la tarde, después de doce horas de navegación, llegamos a la ciudad de Bagan. «Uno de los grandes milagros de Asia»  según reza en alguna parte. Bagan alcanzó su máximo esplendor a partir de mediados del siglo XII cuando el rey Anawrahta, después de conquistar Thatón   -en la actual Tailandia- hizo traer treinta elefantes cargados con escritos budistas, así como artesanos y monjes que se encargaron de construir más de 15.000 templos y pagodas en el transcurso de los 100 años siguientes.

kublai kan
Kuklai Kan, El destructor.

 

Como sucede siempre. «El esfuerzo de unos, sirve de regocijo a otros». Así fue como a finales del sigloXIII, el barbaro Kublai Kan, nieto de Gengis Kan, se regocijaba viendo como sus huestes reducían a cenizas y escombros tanto trabajo y esfuerzo. ¿Necesarias, tanto una labor como la otra? Siete siglos después la naturaleza se encargaría de rematar lo que no habían conseguido ni el tiempo ni los hombres. En 1975 un terremoto destruyó cuanto edificio quedaba por destruir en la gran explanada de los templos.

El trabajo lo tenía presupuestado el cabeza de familia en 100 €, y, según sus cálculos, el tiempo necesario para realizar el mismo  rondaría el mes.

Hoy, Bagan es Patrimonio de la Humanidad. Posee más de 2.000 templos, en ruinas o restaurados. A dicha restauración contribuye el turismo de una manera directa. Cada turista que llega a Bagan está obligado a pagar una contribución de 10 € a la UNESCO y otros organismos internacionales.

Familia de Bagan (FILEminimizer)
Restauradores. La joven con el clásico thanaca en la cara.

En nuestro recorrido por las inmensas ruinas, tuvimos la oportunidad de conversar, con un artesano que estaba reconstruyendo uno de tantos templetes. En la obra participaba toda la familia. Cinco eran los miembros que trabajaban, mientras, los cuatro pequeños restantes, jugueteaban, descalzos y ligeros de ropa con la cal y la arena de la obra.

El trabajo lo tenía presupuestado el cabeza de familia en 100 €, y, según sus cálculos, el tiempo necesario para realizar el mismo rondaría el mes.

El problema de la vivienda parecía tenerlo «resuelto» esta hacendosa familia. Al lado de la obra habían levantado un chamizo, bajo el techo del cual, en las noches de insomnio, a este grupo humano le quedaría tiempo para mezclar sus sueños y sus preocupaciones.

 

                                                                                                     Paco Vidal 

 

 

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