CAMINO DE MANDALAY

                          (Por tierras birmanas III)

 ¡Que bien se lo montan los representantes del proletariado!

Sobre las nueve de la mañana de un templado día de últimos de  enero, salimos de Yangón a lomos del mas popular de los vehículos que circulan por los países comprendidos entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio. Nos estamos refiriendo a TOYOTA. Tan fuerte es la presencia de estos vehículos en la vida de los países comprendidos en todo el cinturón tropical que, si Toyota desapareciera del mercado de un día para otro, el comercio y la economía de estos países sufrirían un cataclismo de mayores dimensiones que si les faltase el arroz, con toda la importancia que este alimento tiene en estos pueblos.

En Taxi
De gira por Birmania

Nuestra intención es hacer una gira por todo el territorio birmano, no prohibido a los occidentales.

En la Myanmar Travel Agent nos pedían 100 dolares diarios por el alquiler de una Hilux doble cabina, conductor y combustible incluidos. Ante nuestro rechazo, la misma empleada nos acompaña sigilosamente a la calle y,  nos dice que su marido nos presta el mismo servicio por  35 dolares. Sin dudarlo cerramos el trato y acordamos comenzar el viaje el día que nos ocupa.

Dejamos atrás el centro de Yangón, desplazándonos ahora por amplias avenidas, flanqueadas de señoriales residencias de cuidados jardines, sombreados por abundante arboleda. Estamos en la zona residencial de la ciudad, donde vive la clase pudiente del país. En las fachadas de algunas de las villas se distinguen enseñas de países extranjeros, sus puertas están custodiadas por miembros del ejercito birmano. Son las representaciones diplomáticas de otros países.

Ante un semáforo en rojo, se detiene a nuestro lado, un llamativo Mercedes S-500 de color negro y cristales ahumados. Al llamarle la atención a nuestro conductor sobre el mismo, me hace notar que pertenece a la Embajada china.                                ¡Caramba con los representantes del proletariado, que bien se lo montan!

Conforme vamos avanzando, las calles se van haciendo mas populares y menos limpias. En las aceras cada vez hay mas gentes, y sus edificios  -de tres o cuatro pisos-  ya no están alejados de la calzada, ni protegidos por muros o altas verjas.

Naturaleza Sus bajos son ahora pequeños negocios, mientras los pisos superiores sirven de viviendas a las clases medias. No obstante, con Yangón no sucede como en las grandes urbes latinoamericanas. Allí todas las ciudades están estranguladas por un cinturón de pobreza que las asfixia y les impide una expansión urbanística razonablemente aceptable. Deducimos que porque en Birmania aun no se ha producido ese éxodo masivo del campo a las ciudades. ¡Ojalá no se produzca nunca!

A unos veinte kilómetros de la ciudad nos detenemos ante el Taukian Cementery, al borde derecho de la carretera, donde reposan los restos de 27.000 soldados y oficiales británicos, de entre 18 y 40 años, caídos durante la Segunda Guerra mundial en combate contra el ejercito japonés. Es un lugar digno de visitar por la paz y la armonía que reina en el mismo.

Feroces y productivas tierras

La región de Bago, en la que nos introducimos poco después, es una zona con una agricultura inmensamente rica. Se encuentra ubicada la misma en una planicie dedicada, mayoritariamente al cultivo del arroz. De sus tierras negras, feroces y productivas, arrancan sus laboriosos campesinos, hasta tres cosechas al año, según nos cuenta Sohn, nuestro conductor y guía. Estas productivas tierras se extienden a ambos lado de la carretera, surcadas por canales construidos con improvos esfuerzos por estas gentes carentes de todo tipo de maquinarias. En sus anegadas parcelas puede verse el cultivo de tan preciado alimento en sus diferentes faces de desarrollo. Mientras en unas eras  los campesinos  -hombres, mujeres y niños-  se afanan, enterrados en el lodo, en plantar los pequeños manojos del cereal en el fangoso suelo, en otras, poco mas allá, las doradas mieses son doblegadas bajo la hoz manejada diestramente por la experta mano campesina.

Arrozales
Arrozales

No lejos de allí, al otro lado de la ruta, podemos ver como un hombre conduce  una pareja de búfalos que, enterrados hasta la panza en el barro, arrastra lentamente el arado, preparando la tierra para la próxima plantación. Al mismo tiempo en la vecina parcela, unos niños quitan las malas hierbas de una plantación, de un verdor tan cegador, que parece que toda la clorofila del mundo estuviera concentrada en ella.

Observado estos campos vienen a mi memoria las vivencias de mi juventud en las marismas del Bajo Guadalquivir. Mas…. ¡Cuanta diferencia existe entre estos y aquellos campesinos!. Mientras allí, medio siglo atrás, el trabajo se realizaba, en gran parte, con la ayuda de tractores y otros medios mecánicos. Aquí, en los albores del siglo XXI, se sigue realizando como en plena Edad Media.

Cuesta creer que, paralelamente en el tiempo, mientras en «nuestro» mundo se realizan a diario operaciones a través de Internet que reportan fabulosas fortunas  -sin ni siquiera mancharse las manos, o tal vez sí, pero con otro tipo de lodo-  aquí, esta gente, tenga que trabajar de sol a sol, hasta caer desfallecidos para, con su esfuerzo infrahumano, solo conseguir medios con los que poder sobrevivir.

Abandonamos la región de Bago para adentrarnos, por poco tiempo, en el estado de Kayin estrecha y larga franja de tierra entre la región de Bago y la frontera tailandesa, al este del país. Este pequeño estado, del tamaño de Albania, le está     ocasionando grandes quebraderos de cabeza a la Junta Militar debido a los enfrentamientos armados que sostienen las guerrillas de la etnia Karen con el ejercito del gobierno central.

Después de dejar atrás el pequeño país de Kayah, cuya capital es la apacible y exotica Loikaw, nos adentramos en el estado de Shan, uno de los mas grandes de los que forman la Unión de  Myanmar, habitado por numerosas etnias y pueblos, entre los que destacan aquellos que le dan nombre al país. Los Shan, etnia que, además de en Birmania, se encuentra en Tailandia, Laos, China y Vietnan.

Todo el territorio birmano que forma parte del denominado Triangulo del Oro, está ubicado en ésta montañosa zona. Estas, en parte, inaccesibles montañas forman frontera con China, Tailandia y Laos.

Cuatro horas en cien kilómetros

Caminos

Pronto nos vemos obligados a girar hacia el noroeste ya que, debido al estado de guerrillas y enfrentamientos en que viven estas tribus con el Gobierno Central, no nos está permitido adentrarnos en esta zona.

Volvemos a tomar la ruta uno, que une Yangón con Mandalay, para poner rumbo a  Toungoo, donde pensamos pasar la noche.

Aldeas
Aldeas

A ambos lados del camino, el paisaje humano es mucho mas digno de atención que el geográfico. Inmensos campos de arroz, divididos en pequeñas parcelas, quedan ocultos por una interminable hilera de chozas de madera, bambú y pasto, situadas al borde de la carretera, ante las que juegan multitud de niños, mezclados con patos, cerdos y búfalos. De vez en cuando la hilera de chozas da paso  a pequeños núcleos o lánguidas aldeas.

cConstruyendo carreteras
Construyendo carreteras

Al encontrarse la «carretera» complatamente destrozada. Toda ella se encuentra en reparación. (En cien kilómetros hemos tardado 4 horas) Las cuadrillas de trabajadores están compuestas en su totalidad por niñas y niños con edades comprendidas entre 12 y 16 años. El trabajo que realizan es infrahumano. No existe ni una sola máquina. Es estremecedor ver como estas pobres criaturas, siempre respondiendo con una sonrisa, cada vez que se les dirige un saludo, van quemando sus tiernas vidas en un trabajo que en nuestro país sería rechazado hasta por el más insignificante de los peones. Trabajan seis días a la semana, diez horas diarias por 1.000 – 1.200 Kyats al día.    (1.000 Kyats equivalen a 1 Euro).

Niñas trabajando
Con la sonrisa en los labios

El asfalto lo licuan formando grandes hogueras sobre las que colocan los bidones que contienen la bituminosa sustancia. El fuego lo alimentan con el propio alquitrán para conseguir un mayor poder calorífico en la combustión.  Una vez licuado lo extraen hirviendo y lo extienden sobre el pavimento, con unos recipientes de lata, construidos por ellos mismos, en los que han practicado unos agujeros en  forma de regadera.

Con las tapas de los bidones hacen unas especies de espuertas o capazos de lata, en los que transportan, sobre sus cabezas, las piedras hasta el lugar donde, una a una, las van colocando coincidiendo con los niveles y cotas que les ha marcado el capataz.

Después de lo expuesto se entenderá porqué decíamos que el «paisaje humano» es mucho mas digno de atención que el geográfico. El humano es tan intenso, exige tanto nuestra atención, que en la mayoría de los casos podríamos decir que es……  ¡Desgarradoramente inhumano!

Con el corazón roto, y envueltos en un manto de dolor, llegamos, sobre las ocho de la tarde, a la ciudad de Toungoo, repleta, a pesar de todo, de vida y movimiento.

Paco Vidal

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